El campo español enfrenta desafíos crecientes debido a las altas temperaturas registradas en los últimos veranos. Según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el verano de 2025 fue el más cálido desde que existen registros históricos, con una temperatura media 2,1 °C por encima de la referencia habitual y 33 días bajo condiciones de ola de calor.
Ante este escenario, la implementación de estructuras agrovoltaicas se posiciona como una herramienta para la gestión de cultivos, proporcionando protección frente al calor extremo y optimizando el uso de recursos hídricos.
La agricultura representa el 72% de las extracciones mundiales de agua dulce, según informes de la FAO. Con proyecciones de la OCDE que señalan que el 47% de la población mundial vivirá bajo condiciones de fuerte estrés hídrico permanente antes de 2030, el sector busca soluciones técnicas para mitigar el consumo de agua. En España, la agricultura demanda aproximadamente el 80% de los recursos hídricos, impactando especialmente en regiones como Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha.
AlphaTracker ha desarrollado estructuras y sistemas de seguimiento solar que, tras cuatro años de mediciones en proyectos activos, han demostrado su eficacia en la creación de un microclima favorable. Durante las horas centrales del día, las estructuras reducen la temperatura ambiente bajo las placas entre 4 y 7 ºC. Esta disminución de la radiación directa y la evaporación superficial permite reducir la demanda de riego hasta en un 40%, optimizando el consumo operativo en cada campaña.
José Antonio Maldonado, CEO y fundador de AlphaTracker, señala: “Lo que ocurre bajo las estructuras no es solo que hace menos calor. Es que el cultivo deja de pelear contra el entorno y empieza a trabajar con él. Esa diferencia se traduce directamente en rendimiento, en calidad del producto y en viabilidad económica de la explotación”.
Respecto a la productividad, tres años de seguimiento en proyectos de AlphaTracker confirman que el rendimiento mínimo del cultivo se mantiene en un 98% en comparación con un campo de control. Esta tecnología es compatible con diversos cultivos expuestos al calor, como el kiwi, los frutos rojos, olivos, cítricos, melones, aromáticas y pastos. Adicionalmente, el sombreado parcial contribuye a reducir daños como las quemaduras solares en el fruto.
“En condiciones de calor extremo, los datos demuestran que las estructuras agrovoltaicas pueden reducir las pérdidas de producción de entre un 10% y un 30% en determinados cultivos, mientras que en algunos casos hortícolas la sombra parcial alarga la ventana productiva entre dos y cuatro semanas, permitiendo al agricultor acceder a periodos de menor oferta y precios más favorables. El argumento agronómico ya está resuelto”, añade Maldonado.
El despliegue de esta tecnología cuenta con un entorno regulatorio favorable en España. Desde octubre de 2025, el Plan Estratégico de la PAC reconoce los sistemas agrovoltaicos como superficies admisibles para ayudas europeas. Asimismo, el IDAE amplió en junio de 2026 el presupuesto para proyectos de agrovoltaica con almacenamiento hasta los 368,5 millones de euros, facilitando la adopción de estas soluciones en el sector agrario.

